UN PROFETA DEL SEÑOR PASÓ POR ESTAS TIERRAS

Otra flor, muy grande y valiosa fue trasladada, del jardín de las Ciudades de Dios al jardín del cielo

Villa de Leyva, 30 de agosto de 2021

El Padre Jairo Arturo Ochoa Zea, carmelita descalzo, pasó por este mundo, como Jesús, haciendo el bien a todos, entregando su vida de manera ilimitada, creativa y generosa a todo el que lo necesitara.

No era un hombre más, fue un personaje muy singular que supo ser auténtico en todo lo que vivió y realizó. Fue un profeta de luz, de fe y de esperanza. El P Jairo marcó la vida de todos los que lo conocimos, pues ciertamente llevaba el sello de la pasión por el Señor, por el Reino de Dios, por el Carmelo, la Iglesia y el mundo. Todo lo impactaba, tolo lo emocionaba, todo lo hacía orar más y más y encontrarse cada día ante el Señor, llevando las ilusiones, esperanzas y dolores de la humanidad.

El corazón del P Jairo era enorme, ilimitado. Allí todos teníamos un lugar, especialmente los más pobres, los más frágiles y necesitados. Su opción fue siempre por Jesús en la persona de los pobres, en los pecadores, en los marginados. Su vida apasionada por el anuncio del Reino lo llevó a adquirir el calificativo de “Profeta”, y sí que lo fue. Su palabra retumbaba cuando la pronunciaba en las homilías oradas y cargadas de evangelio vivo. Supo ser fiel, como pocos, a su “Si” rotundo y definitivo al Señor desde el momento de su consagración. Su testimonio fue permanente. Vivió y murió pobre, despojado y desprendido de todo. Su oración ininterrumpida la acompañó en todo momento, aun cuando a causa de su enfermedad avanzada había perdido algunas de sus facultades mentales, caminaba por toda la Ciudad de Dios rezando el rosario una y otra vez. Bendecía a los niños, a los ancianos igualmente, a todos comunicaba alegría, esperanza, ganas de vivir en el Señor y de asumir la cruz de cada día.

Un día pidió permiso a sus superiores para venir a vivir a la Ciudad de Dios de Villa de Leyva, queriendo iniciar una experiencia de vida contemplativa para el Carmelo colombiano, permiso que le fue concedido y, desde entonces, vivió con nosotros, empeñado en trabajar en el corazón de las personas, invitándoles a ser fieles al Señor y a buscar la santidad. De igual manera trabajó de forma material en diferentes proyectos dentro de la Ciudad de Dios, convirtiéndose en un ejemplo de vida y coherencia para todos.

Un día el P Jairo se convirtió en nuestro compañero de lucha, después de que decidió apoyarnos de manera incondicional en esa nueva aventura de cielo que el Señor nos confió desde las Ciudades de Dios. Aquí entregó, durante 11 años, el resto de vida que le quedaba, todo su empeño y su dedicación a hacer surgir esta obra, que bien tenía el P Jairo claro que era una obra de Dios. No hay palabras para agradecerle el regalo de su vida entre nosotros y la manera como nos enseñó el evangelio vivo desde su vida sencilla, abnegada y comprometida. Ciertamente fue un profeta del Señor que pasó haciendo el bien por estas tierras que lo acogieron y que él vio fecundarse, germinar y dar fruto en abundancia, como lo podemos constatar en los múltiples acontecimientos que a diario suceden en la Ciudad de Dios.

El Señor le regale el cielo, la plenitud de la vida a Su lado, y le recompense todo el bien que realizó a través de su paso por este mundo.

Fr José Arcesio Escobar E. ocd